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Por Abel Fatala
Cuidado. No estoy ensayando una crítica a un funcionario de gobierno. En los correos de lectores, ciudadanos de la ciudad con notable sentido de la realidad, cuestionan las salas cerradas de los hospitales, las faltas de insumos para los enfermos, la falta de atención en ciertas especialidades, las calles bordadas de baches, las cloacas que desbordan al asfalto, la basura que no se recoge, etc.
Ahí me queda claro que el gobierno de la ciudad quiere fugarse de su responsabilidad de los problemas de gestión, de los problemas que tienen hoy los vecinos, y entonces sale a debatir las elecciones presidenciales y resultados eventuales. ¿Podemos medir el tiempo y recursos que se pierden para derivar la ineficacia de gestión hacia la discusión de candidaturas, cuando aún no estamos en época preelectoral?
Y ese es el punto. El gobierno de la ciudad no gobierna sino que se fuga. Sale un funcionario a ponerse en víctima frente a las escuchas que organizó el mismo jefe de gobierno y procura desviar la atención de los baches, de la caída de la atención pública de los hospitales públicos. Otro funcionario dice que la ex vicejefa de gobierno, a la que echaron, ahora va a ser candidata a jefe.
Para ocultar la gestión deficitaria en el Mariano Acosta, se cayeron cinco kilos de mampostería que pudieron herir a los alumnos. Y que hace años que padres, alumnos y docentes, piden reparar la histórica escuela.
Un gobierno en serio es aquel que tiene un programa, lo trata, lo debate y lo cumple. Sin falsas promesas, sin improvisación, sin cuentos. Uno recuerda por momentos frases como: “la mentira tiene patas cortas”. Y el actual gobierno de la ciudad, tiene además, el pensamiento corto y la soberbia larga.
Gobernar requiere tener propuestas y contar con un equipo que llegue al gobierno con un espíritu constructivo, dispuesto a dar batalla frente a las necesidades de la ciudad. Y para eso se debe ESCUCHAR a los vecinos, recorriendo los barrios, visitando los hospitales, las escuelas, los clubes, los centros de jubilados.
La soberbia va de la mano con las ideas elitistas del poder, del gobernar para unos pocos, con la subestimación del lugar que deben ocupar los vecinos.
Yo tengo la voluntad de luchar por esta ciudad, de asumir el compromiso y responsabilidad que requiere el gobernar.
Gobernar para una ciudad que pueda crecer, modernizarse, ocupar el lugar de la gran ciudad que debe ser, más segura, más justa, PARA TODOS, con igualdad de oportunidades.
Por eso propongo pensar juntos, porque es posible construir en común un gobierno mejor.
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